La trampa de Punta Cana: cómo el motor turístico de $7 mil millones del Caribe funciona en vacío
Punta Cana nunca fue un pueblo. Fue un aparato financiero de circuito cerrado, construido sobre terrenos baratos, concreto importado y aislamiento total. Durante treinta años funcionó porque el turismo masivo es una industria que comercia explícitamente con la contención predecible: llevar al cliente a una pista aérea privada, trasladarlo directamente a un enclave de propiedad española, alimentarlo con calorías calculadas y sacarlo en avión antes de que notara el país sobre el que estaba parado.
